Archivos Mensuales: mayo 2016

Si te llevan una carta (de la junta electoral) y no viene perfumada…

Durante estos días se está procediendo a los “sorteos” de las mesas electorales que “llamarán a filas ” a unas 500.000 personas (entre titulares y suplentes de las mesas) el próximo 26J. Creemos que es un momento oportuno para volver a recoger el texto con el que arrancamos con este blog, cuando empezamos a llamar a la gente a practicar la insumisión electoral.

Así que, ya sabes… (y aquí nos tienes para lo que te podamos apoyar).

 

Si te mandan una carta, y no viene perfumada... Así comenzaba la canción de Kojón Prieto y los Huajalotes con la que hace 25 años animaban a los 200.000 jóvenes que anualmente eran obligados a formar parte de la milicia a declararse insumisos, bajo amenaza de penas de prisión y pérdida de algunos derechos civiles. Y con una carta notificada y sin perfumar comienza igualmente el procedimientoo por el que la LOREG obliga en cada proceso electoral a más de 500.000 personas de todo el Estado (entre 2.200 y 3.000 en Gasteiz, según la convocatoria) a acudir a la formación de las mesas electorales, también bajo amenaza de penas de prisión o sustitutivos y multas económicas.

La obligatoriedad de la mili la “argumentaban” diciendo que la Defensa era cuestión de todos (así, en masculino) y por ello todos los hombres debían contribuir a ella. Pero lo cierto es que amparándose en el pretexto del bien común -la Defensa- lo que en realidad se imponía era un modelo muy concreto de ella (la Defensa militar), basada en principios, normas, ideologías y creencias que los insumisos (como gran parte de la sociedad) pensaban que servían para conculcar derechos más que para protegerlos. Así nació la insumisión, que consiguió acabar con la obligatoriedad de la mili y de la prestación social sustitutoria.

Bien pensado, lo que sucede con la obligación de formar parte de las mesas electorales no es muy distinto. Con el pretexto de contribuir a un interés común -la Democracia- lo que se nos impone es la colaboración con un modelo muy concreto de ella (la llamada democracia parlamentaria representativa), basado en principios, normas e ideologías que para una parte de las personas obligadas a formar parte de las mesas, lejos de contribuir a potenciar una verdadera Democracia (gobierno del pueblo), contribuye a constreñirla y limitarla hasta convertirla en una caricatura desdibujada, que no sirve sino para recortar la capacidad de autogobierno de las personas, para que sean protagonistas y artesanas en la definición y construcción de su presente y su futuro. Por eso reivindicamos el Des-Censo electoral y proponemos que se practique la desobediencia a las citaciones para asistir a las mesas electorales hasta conseguir acabar con su obligatoriedad.

La principal herramienta con la que pretende legitimarse la actual democracia representativa -que nosotras cuestionamos-, es la puesta en escena de los procesos electorales. Para ello le es imprescindible asegurarse la “complicidad” popular mediante nuestra participación, tanto en las votaciones como en el dispositivo electoral (básicamente, la constitución de las mesas electorales) que para ello se pone en marcha. Pero, curiosamente, mientras la no participación en el ejercicio del voto está reconocida como un derecho (mientras se trate solo de abstención pasiva), la participación en la constitución de las mesas está considerada como una obligación, y quien por motivos de ideología, creencia o conciencia cuestione ese modelo de democracia impositiva, será considerada delincuente.

Ante todo ello conviene preguntarse: ¿por qué esa imposición?, ¿por qué considerar delito la opción de no colaborar con un proceso que legitima un concepto adulterado de democracia? Más aún, ¿por qué ese “delito” cometido por decenas de miles de personas en cada convocatoria electoral (las que no se presentan a la formación de las mesas habiendo sido designadas para ello), sólo es perseguido en el caso de que se reivindique, es decir, adquiera trascendencia pública y dimensión política? La respuesta a todo ello nos parece evidente: porque sin imposición y sin coerción buena parte de la población no estaría dispuesta a colaborar con una farsa concebida para dar un barniz de legitimidad a un proceso que, en realidad, secuestra la posibilidad de que sean las propias personas las que decidan y se autogobiernen. Y porque lo que realmente temen es la dimensión pública que dé carácter de desobediencia civil a lo que hasta ahora ha sido una especie de apostasía electoral individual y silenciosa sin trascendencia (política).

Por ello apostamos por el Des-Censo electoral, algo tan sencillo de entender y practicar como que cualquier persona pueda causar baja voluntariamente en el censo electoral, renunciando a sus derechos (a votar y/o a ser votada) y a sus obligaciones electorales (a formar parte de las mesas).

Mientras la conscripción electoral siga siendo de obligado cumplimiento no nos quedará más remedio que hacer lo mismo que aquellos jóvenes de hace 25 años, que plantaron cara al servicio militar obligatorio hasta acabar con él: practicaremos la insumisión, la desobediencia civil, esa herramienta popular que nos permite plantarnos ante las injusticas e imposiciones de quienes gobiernan contra los intereses de quienes dicen representar. Dicho de otra forma, recuperaremos nuestra capacidad para decidir y hacer política (en su sentido más genuino) con nuestros actos y compromisos públicos, algo muy distinto a depositar una papeleta cada cuatro años para que “un puñado de políticos profesionales” decidan por todas.

Cuando en los años 80 y 90 decenas de miles de jóvenes decidieron unir sus fuerzas insumisas para acabar con la mili, entre sus motivaciones personales había argumentos muy variados, pero tuvieron el acierto de saber unir fuerzas en torno al elemento común más importante: luchar para que la juventud recuperara la libertad que el estamento militar pretendía arrebatarles, aunque para ello tuvieran que poner en juego esa propia libertad. Ellos y, principalmente, el apoyo popular que recibieron, hicieron que su desobediencia diera frutos mucho antes de lo que se pensaba.

Hoy somos muchas quienes sentimos que con las llamadas “democracias formales” se nos despoja de algo tan básico como la capacidad real de decidir sobre nuestro presente y futuro (la esencia de la democracia), y que el acto público con el que se representa formalmente ese secuestro es el proceso electoral. Por eso creemos que ha llegado el momento de unir públicamente nuestras voluntades insumisas, practicando mediante la desobediencia civil el Des-Censo electoral, hasta hacer inaplicable tal obligación, dando con ello otro paso más en la recuperación de nuestra capacidad para ser nosotras mismas quienes protagonicemos el “gobierno del pueblo”.

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ADRIÁN SE REITERA EN SU OBJECIÓN DE CONCIENCIA ELECTORAL

Esta mañana ha tenido lugar el juicio a Adrián (recordemos, practicó su desobediencia al llamamiento a la mesa electoral en las elecciones de 2011), y ha sido en ese marco donde ha podido reiterar su objeción de conciencia electoral. Más aún, como él mismo comenta, ha podido expresar con calma las razones de su decisión.

Pero la postura de Adrián ante el juicio aporta por sí misma un nuevo testimonio del calado de su convicción y coherencia. Recordemos que Adrián fue convocado al juzgado ya el año pasado:

“Nos dijeron que nos preparáramos para el juicio, pero cuando llegamos era un acto de intento de conformidad”. El fiscal ofreció al insumiso electoral una rebaja de la condena: 6 meses de multa a razón de 3 euros diarios (540 euros). “La rechacé porque pensé que era injusto que me castigaran”

Visto que la argucia no doblegaba las convicciones de Adrián, la fiscalía ha optado por castigarle: su petición ha sido una multa de ocho meses a razón de 10 euros diarios, lo cual supone un total de 2.400 euros. Hay que saber que el impago de estas multas puede tener como consecuencia el ingreso en prisión.

Sabemos por otras experiencias desobedientes (como la insumisión a la mili) que estos son los pasos habituales por parte del Estado cuando se topa con personas dispuestas a cuestionar imposiciones y actuar en coherencia con su forma de pensar.  También hemos aprendido de esas experiencias que la mejor forma de hacer frente a sus intentos de represión es aumentar la desobediencia hasta que ésta les desborde y les cree un problema mayor: la puesta en cuestión del propio sistema electoral.

Para aumentar esa desobediencia vamos a tener una nueva oportunidad el próximo 26 de junio. Desde aquí volvemos a hacer un llamamiento expreso a la insumisión electoral a todas aquellas personas a las que se cite para formar mesa electoral en las próximas elecciones. Poco a poco se va creando una red de personas desobedientes dispuestas a apoya y facilitar la labor a cualquiera que se plantee ese paso. El apoyo mutuo y la solidaridad son las mejores bases de apoyo para hacer crecer esa desobediencia, y desde aquí las ponemos al servicio de Adrián y de quienes el próximo 26 de junio decidan practicar la insumisión electoral.

http://www.grupotortuga.com/Ya-ha-tenido-lugar-el-juicio

Como se acercan elecciones… nuevo juicio a un objetor electoral. Tienen pánico a que siga aumentando la insumisión electoral

Como en los últimos años la insumisión a las mesas electorales va en aumento, el nerviosismo ha comenzado a cundir entre las personas responsables de poner en marcha la administración electoral que intenta reclutar obligatoriamente a 500.000 conscriptos electorales en cada nueva convocatoria. Y como no tienen argumentos, acuden a su única “herramientas de diálogo”: la represión o su amenaza.

Así, y aunque la evidencia de la sincronía de los hechos deje bien a las claras su falta de vergüenza, también ahora, como ya ocurrió en la anteriores con el juicio a Nur, de cara a las próximas elecciones de junio, agitan su “vara de mando judicial” con la puesta en marcha de un nuevo juicio. En este caso a Adrián ¡¡objetor electoral de 2011!!

Mientras la inmensa mayoría de las personas que nos declaramos insumisas a la mesa electoral durante 2014 y 2015 no hemos tenido ninguna “novedad judicial” desde que hicimos pública y practicamos nuestra desobediencia, recurren ahora a un caso de 2011 como queriendo mandar el mensaje de: ojito, que todavía podemos encausaros. Resulta cómico que desde los propios poderes estatales que en el juicio de Nur reconocieron como atenuante la “demora judicial” cometida en su caso (desobedeció en mayo de 2014 y no fue juzgada hasta principios del 2016), pongan en marcha ahora un juicio contra Adrián, que hace 5 años ya que se declaró objetor electoral.

Adrián es antimilitarista, y del antimilitarismo y su lucha por la insumisión al servicio militar aprendimos todas mucho… todas menos quienes intentan oponer la amenaza de represión a la convicción de las desobedientes. Habrá que recordarles lo que gritaban y practicaban los insumisos a la mili hace unas décadas: ¡no hay prisión (o represión) que pare la insumisíón!… y no era sólo un grito, se convirtió en un clamor y práctica desobediente que consiguió acabar con la mili. Y de ahí sus temores a que un nuevo movimiento insumiso y desobediente pueda cuestionar hasta deslegitimar total mente otra forma de conscripción u obligación impuesta por el Estado: la de acudir al llamamiento de las mesas electorales y avalar con ello un pretendido sistema democrático que está en las antípodas de ser precisamente eso: el gobierno del pueblo.

Adrián va a tener el juicio del 19 de mayo, y está aprovechando la coyuntura para volver a dejar claras las razones que le llevaron a practicar su desobediencia electoral. Os dejamos aquí sus palabras, escritas para difundirse desde la web del Grupo Antimilitarista Tortuga, al que pertenece, y para que el resto intentemos difundirlas lo más posible.

Como ya hicimos en el caso de Nur, queremos dejar claro ahora que todas somos Adrián y todas hacemos nuestras estas palabras con las que argumenta su opción desobediente. Que el día 19 puedas sentir el calor de todos los abrazos insumisos de quien ese día nos sentiremos siendo tú. ¡Dáles caña Adrián!

 

 

 

La libertad se juega la vida cada día

 

Quizá quien visita esta página con cierta asiduidad me conozca. La administración es lenta y, bueno…, me da la oportunidad de comunicarme con la gente cada cierto tiempo.

El caso es que soy un miembro del Grup Antimilitarista Tortuga cuya participación en una mesa electoral reclamó el estado allá por noviembre de 2011. Ante semejante exigencia lo tuve claro: no iba a obedecer. Y así lo hice saber tanto a la administración como a la sociedad. A ambas por un compromiso ético: a la primera porque tenía un problema con ella y mi intención no era esconderme; a la segunda porque pensé que, en la medida de mis posibilidades, podía remarcar algunas de las deficiencias de este sistema político. En definitiva, somos seres sociales y nuestras acciones, por muy insignificantes que nos parezcan, nos hacen responsables con los demás.

El próximo jueves 19 de mayo me juzgarán por estos hechos. En 2011 el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero modificó la ley electoral. Desde entonces no presentarse a una mesa es un delito que puede acarrear pena de cárcel. De momento la fiscalía pide una multa de ocho meses a razón de diez euros diarios; es decir, 2.400 euros. Si no se pagan podrían cambiarse por cuatro meses de prisión. También he de decir que me ofrecieron pactar el año pasado una condena muy inferior a esta petición.

Lo cierto es que mi próxima cita ante la administración me empuja a explicarme de nuevo. Ya en su día expuse los motivos que me llevaron a obrar de este modo. En alguna de mis visitas a los juzgados durante estos años he vuelto a hacerlos públicos. Y, la verdad, uno se alegra cada vez que tiene la oportunidad de volverlos a exponer. Todo el mundo debería poder dirigirse alguna vez a un auditorio y expresarse. Cuando se te presenta esta oportunidad, si crees —aunque sea un poquito— en tu palabra, debes aprovechar. No hay que despreciar los regalos de la vida.

La democracia es incompatible con el sistema parlamentario. En democracia las personas participan en la toma de decisiones de los asuntos que les afectan, lo cual es imposible cuando 350 deciden por 47 millones como, al menos en teoría, sucede.

Tampoco puede convivir la democracia con el capitalismo, pues la desigualdad económica genera desigualdad social y política.

Tanto o más que todo esto me preocupan los mecanismos que emplea el poder para sostenerse, siempre consistentes en un ataque al desarrollo moral de las personas o, en su defecto, a las acciones que de él se derivan.

Comprender el comportamiento moral del ser humano es complicadísimo. En cualquiera de nuestras acciones interviene una cantidad de variables que condena a cualquier interpretación que hagamos a pecar de reduccionista. En cualquier caso, ahora mismo nos resulta útil la teoría de Lawrence Kohlberg.

Según Kohlberg, existen tres niveles de desarrollo moral. Cada uno de ellos se subdivide en dos etapas.

En el primero de ellos (moral preconvencional) los juicios de valor obedecen a castigos externos o a necesidades personales; en el segundo (moral convencional), a la aprobación de los demás y el respeto a una autoridad que mantiene el orden social. El tercer y último nivel (moral postconvencional) marca, en su segunda etapa, la orientación por principios éticos universales resultantes de un proceso personal.

El estado —máquina de poder donde las haya— hará siempre todo lo posible para que no alcancemos esa última etapa. Adoctrinará, manipulará, distraerá, atacará a cualquier espíritu crítico. Y cuando no lo consiga, castigará. Así intentará por la fuerza impedir acciones que le incomoden, querrá obligarnos a actuar como niños, como si viviéramos en la primera de las etapas, aquella en la que obedecemos al castigo. Una condena judicial, incluso un proceso, no es otra cosa que esto.

Me asusta ser débil ante un sistema organizado contra nuestro crecimiento ético, pues sin él la libertad muere. ¿Cómo podemos llamar a un sistema así democrático?

La tradición de la desobediencia civil es rica y sus enfrentamientos con el poder, lo suficientemente graves como para enfurecerlo. No en vano, son varias las personas que en cada cita electoral se niegan a formar parte de una mesa por motivos políticos y éticos. Mi caso es, por tanto, uno más entre tantos. Su relevancia práctica —aunque existente— quizá sea límitada, pero sus implicaciones humanas son trascendentes, como las que conlleva cualquier ataque a la libertad por mínimo que sea.

Todos los días, todas las horas, todos los minutos la libertad se juega la vida. Si no tomamos conciencia de ello quizá un día nos apliquen la ley antiterrorista por mostrar una pancarta burlona en una obra de cachiporra. Pero, bueno, no seamos exagerados…

Adrián Vaíllo

 

Sobre las elecciones: Organizarse

Ya tenemos encima otra convocatoria electoral y en el periodo que va desde el 28 de mayo hasta el 1 de junio cada Ayuntamiento volverá a realizar sus “sorteos de quintas electorales”, es decir, volverá a generar el listado de las alrededor de 500.000 personas obligadas a hacer acto de presencia el 26 de junio a las 8 de la mañana para garantizar la constitución de las mesas electorales. Pero ojo, que una cosa es la fecha del “sorteo” y otra el periodo del que disponen para intentar comunicárselo a las personas “agraciadas”.

Tiempo habrá para hablar de todo ello pero, para que quien no se lo haya planteado hasta ahora podamos ir pensándonos qué hacer si “nos toca el sorteo”, o el porqué  animarnos a desobedecer esa imposición, tal vez lo mejor sea pensar sobre todo ello antes de que lo tengamos que hacer con la presión y la premura que impone “resultar agraciadas”.

Para ello nos ha parecido interesante, por su abierto punto de vista y por su otra forma de mirar la cuestión de las elecciones, aportar el texto que da nombre a este post Sobre las elecciones Organizarse EZLN (Devenir Casta;  Pensaré Cartoneras 2015), que corresponde a las reflexiones del Subcomandante Insurgente Moisés del EZLN, redactadas hace ahora un año a raíz de una convocatoria electoral en México. Nosotras compartimos buena parte de las mismas pero, incluso para quien no las comparta, seguro que le ayudan a pensar sobre la cuestión con otros ojos.