Insumisión a la mesa electoral del 20D

Si antes era Iker, ahora es Juan el que nos explica sus razones.

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Me llamo Juan y hace unas semanas se me hizo saber (mediante una notificación remitida por la junta electoral de Aoiz ) que estaba obligada a hacer de primera vocal de la mesa electoral situada en Aos- Lónguida. Según el documento y el manual que se le adjuntaba, debo comparecer el 20/12/2015 con motivo de la celebración de elecciones generales, a las 8 de la mañana para la constitución de dicha mesa, así como permanecer en ella más de doce horas hasta que finalice el proceso electoral, por lo que recibiré 62 euros. Todo ello bajo la amenaza de “pena de prisión de tres meses a un año o multa de seis a veinticuatro meses” si decido no presentarme. Entonces se abrió un periodo de siete días para alegar ante la junta y exponer los motivos que impiden la aceptación del cargo. Aprovechando este hecho, comunique mediante carta mi OBJECIÓN DE CONCIENCIA ante esta orden. Mi intención no es otra que no presentarme a dicha obligación.

Si no son aceptadas mis explicaciones para no asistir a dicha mesa, por motivos de conciencia, voy a desobedecer dicha ley. Nunca he votado para unas elecciones; paso los treinta años y no tengo intención de votar en las sucesivas: es por conciencia, por ideales y por ver la injusta y corrupta realidad parlamentaria.

Es verdad que durante años en el estado español se vivió una dictadura y que no había posibilidad de elegir a ningún representante y que no me guste esta democracia parlamentaria no significa que prefiera aquella horrorosa época.

Es verdad que durante muchos años el voto solo estuvo en manos de los privilegiados: de los hombres frente a las mujeres, de los blancos frente a los negros y que fue una dura batalla la de las sufragistas por conseguir este derecho y que conllevo una dura represión en muchos casos, pero hoy nos toca denunciar otra cosa, porque este sistema se intenta establecer y justificar en el voto cada cuatro años, en base a un programa electoral que nadie cumple y esto conlleva la pérdida de decisión en las esferas públicas de la vida por parte de las personas que formamos parte de este sistema sin apenas mecanismos de actuación.

La gestión de los recursos por las élites políticas y económicas que impunemente, en favor de sus propios intereses, extermina individuos y culturas, abocándonos a un sinsentido material y tecnológico, destrozando el territorio donde vivimos, la desviación de recursos públicos para fines privados, la desigualdad social y económica entre personas y países, los ingentes recursos destinados a la guerra, a la represión y a la muerte, un sistema patriarcal heteronormativo que se sustenta por el miedo, utilizado como amenaza directa contra la población; haciendo trato de favor al que colabora y castigando a la que desobedece dando así ejemplo al resto de la sociedad de lo que le puede suceder según el camino que escoja, hace que entre otras razones no apoye este corrupto sistema y menos justificarlo y por lo tanto no ayudarle a sobrevivir.

Es verdad que en algunos países votar es una obligación como aquí es ir a una mesa electoral: una vez más se nos dice lo que tenemos que hacer y se nos sigue tratando de un modo infantil por papá estado, que todo lo sabe y lo mas importante, que quiere lo mejor para nosotras sin preguntarnos por nuestros deseos.

Es verdad que prefiero a unas coaliciones políticas municipalistas que a esos grandes partidos de la España de la transacción, que hay que dar tiempo a quienes ocupan por primera vez los ayuntamientos llamados del cambio, pero también que no creo que el cambio venga desde arriba, que lo importante sigue estando en generar estructuras diferentes a las que criticamos que ahora más que nunca hay que ser creativos y poner en practica aquello que tenemos en el horizonte de cómo gestionar nuestras necesidades, de cómo alimentarnos, de cómo cuidarnos ,de cómo relacionarnos.

Frente a las elecciones promovidas por el estado donde el voto supone muchas veces echar balones fuera y eludir la responsabilidad de uno con la vida y dejar en manos de otros la toma de decisiones, propongo la autogestión y el asamblearismo, la toma de decisiones por consenso que promueve la reflexión en común y el mutuo esclarecimiento, y así podremos hacer frente al desinterés y la apatía por lo público, por lo común que caracteriza a un sistema que coacciona a la gente para que forme parte de sus mesas electorales.

Hace tiempo comprendi que las leyes están para proteger a los poderosos, castigando a las anti -élites, aquellas que están condenadas desde que nacieron a una vida de servilismo y miseria.

No pretendo buscar trampas y trucos que me eximan de acatar esta orden. Hace días el ayuntamiento de Pamplona dio a conocer los más de 700 nombres de los nuevos ciudadanos que formaran parte de las mesas electorales del 20 de diciembre, ya que los anteriores por diferentes motivos no han sido localizados o sus peticiones han sido aceptadas: podría haber sido uno de ellos y nunca haber hecho este escrito, porque, ¿cuántas personas realmente no queremos cumplir con esta obligación? Esto es un simple acto de denuncia de una situación injusta y, como tal, anda por el mismo sendero que transitaron y transitarán quienes tomaron decisiones similares y quienes lo harán en el futuro. Es una simple decisión que me hace rechazar participar en aquello que asfixia algunas de las expresiones más privadas y profundas de mí: mi conciencia y mi libertad.

Juan L. Fernández Enríquez

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