Diría que eso que llaman democracia electoral representativa ya no existe

Diría que eso que llaman democracia electoral representativa ya no existe; que es una forma de totalitarismo, un estado de excepción permanente para los de abajo (Raúl Zibechi, Chiapas, mayo de 2015)

Si bien en este link podéis oír su intervención entera, aquí os dejamos los últimos minutos de la charla de Raúl Zibechi en el seminario «El Pensamiento Crítico Frente a la Hidra Capitalista» organizado por el EZLN del 3 al 9 de mayo de 2015 en el Caracol de Oventik, CIDECI / Universidad de la Tierra Chiapas. Creemos que con sus palabras no hacen falta más comentarios. Disfrutadlo!!!

Y para terminar, tercer punto ¿qué diría si yo estuviera arriba de una Ceiba Álamo sobre esto que acabo de decir. Si me tocara ser centinela allí en el Cono Sur donde vivo. Diría que se está viniendo un exterminio, que primero es de esta manera, suave, que detrás inmediatamente viene el genocidio duro, el armado. Pero sobre todo diría cuatro cosas y eso es en lo que me quiero concentrar. Diría:

Primero, cuidado con la vía institucional, cuidado con la vía electoral. El progresismo consiguió instalar de esta manera –y esto no es menor- una cultura política que dice que se puede cambiar el mundo sin conflictos. Más aún, que los conflictos son peligrosos. Los que encabezan los conflictos le hacen el juego a la derecha, y pueden incluso ser terroristas. (Otro dato, al pasar, ¿saben ustedes que en Ecuador, en el Ecuador de Correa, del Socialismo del Siglo XXI, hay 200 dirigentes indígenas encausados por la justicia por terrorismo y boicot? ¿Acusados por qué? Por cortar rutas, por ocupar haciendas… en un país que se dice del Socialismo del siglo XXI).

Segundo: Diría que eso que llaman democracia electoral representativa ya no existe; que es una forma de totalitarismo, es un estado de excepción permanente para los de abajo. Cito a un señor que se llama Agamben, una maravilla, un tipo que estudió los campos de concentración, y dice:

El totalitarismo moderno puede ser definido como la instauración, a través del estado de excepción, de una guerra civil legal, que permite la eliminación física no sólo de los adversarios políticos, sino de categorías enteras de ciudadanos que por cualquier razón resultan no integrables en el sistema político.

Y yo creo que confiar en las instituciones es peligroso, porque las instituciones, con la excusa de la seguridad y del narcotráfico nos instalan un estado de excepción, o sea de guerra permanente. Y eso no depende de quienes estén en el gobierno. Es algo más complejo. La democracia electoral es hoy la cobertura legal del estado de excepción, encubre y justifica el genocidio contra los de abajo.

Tercero Diría que la vía institucional contribuye a regenerar las cabezas de la hidra, porque siempre va de la mano de la desarticulación de nuestros espacios de autonomía. En esta etapa genocida del capitalismo debemos ser autónomos, lo más autónomos posible. Que para derrotar a la hidra supone: defendernos, hacerle daño, golpearla… y a la vez crear autonomía en nuestros espacios, impedir de las formas más diversas que nos invadan nuestros espacios. Es una lucha con dos dinámicas.

Y por último estamos nosotros, -es lo último que diría desde arriba de una Ceiba Álamo-. Creo que lo que vemos nos ha de servir como espejo. Y aquí perdónenme pero voy a hablar en primera persona. No por ego –aunque no estamos exentos de ello- sino porque es muy fácil escudarse en el “todos”: “nos” falta; tenemos… bueno, “yo tengo” “yo me falta”. Entonces quiero decir, me pregunto ¿Cuánto tengo que aprender?, ¿cuánto tengo que crecer?, ¿cuánto tengo que dejar de ser lo que soy para estar en condiciones de enfrentar la hidra y de crear un mundo nuevo? Mi impresión es que todavía me falta, nos falta mucho. Y mi impresión es que nos queda por delante, y me queda por delante desafíos enormes. ¿Qué hago? Hago ejercicio para estar más fuerte, para enfrentar la hidra. Práctica de tiro, no está de más, no está de más, es importante. No se habla de esto. Pero hay una cosa que tiene que ver con la ética, con la disposición de ánimo, que es fundamental. Yo creo que los que nos consideramos rebeldes o revolucionarios, todos los días tenemos que –como el que hace un monumento en piedra o madera, que hace tallados- tenemos que tallarnos, que esculpirnos, que cincelarnos para ser mejores, todos los días. Y yo tengo que hacer eso. Tenemos que ser mejores, no más grandes. Ser mejores, no para brillar más y ser más importantes, sino para ser menos, para ser más chiquitos, ser más pequeño para algún día estar a la altura de las bases de apoyo que en la escuelita nos han enseñado que para resistir sólo es necesario dignidad, dignidad y más dignidad. Muchas gracias.

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